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enero 19, 2022

El full albuming es una práctica en la cual no sólo escuchamos un par de rolas del artista, sino que nos adentramos a alguno de sus álbumes.

Es escudriñar ese mundo compuesto por canciones en un orden planeado para transmitir una sensación o mensaje ideado por una banda en un momento determinado de su carrera, cosa que no se puede apreciar si seleccionamos una canción y despreciamos las demás. Como una aventura sonora compuesta por actos.

A lo largo de la historia, pasamos de los LPs a las plataformas musicales, donde comúnmente se lanzan sencillos, se arman playlists con “detodo” o simplemente se guardan canciones aisladas. Pero el full album es toda una experiencia porque es un arte.

Se trata de una secuencia, un tema en común o una recopilación de varias canciones. El nombre “álbum” viene de que los discos para gramófono se guardaban en algo parecido a un álbum de fotos. Ya pasando el tiempo, las recopilaciones musicales se comenzaron a designar álbumes en cualquiera de sus presentaciones, como el CD, cassette, y ahora, de la música que se escucha en plataformas.

Hoy en día vivimos en un collage musical, en un caos ordenado por nuestros gustos y las comodidades que nos ofrecen los servicios que albergan nuestras canciones predilectas, pero el full album, aquel cuyo título enmarca el inicio de una odisea en el tiempo, que dota de sabor cada lanzamiento de una banda envuelta en un discurso expresivo cuya rola final del disco nos hace sentir que hay algo que termina, como el gran final de una película, como los actores haciendo una reverencia antes de cerrar el telón, se ha ido perdiendo en una amalgama infinita de sonidos donde no dan lugar a la personalidad de la obra.

Es genial que después de ese proceso creativo de una banda o persona, uno pueda ser guiado por un lenguaje como es la música y qué mejor que esa serie de canciones, la posibilidad de mostrar más y poder expresar de una manera tan envolvente una idea como con este formato.